A mí, de adolescente, 15 o 16 años, no me dejaban entrar en el Balalaika, como a mis amigos. El Balalaika era la discoteca de Barcelona del momento. No sé, chaparrito y eso, o a lo mejor le caí mal al portero, pues no me dejaban entrar. Y yo, una de dos, o me dedicaba a recorrerme las calles de Barcelona, que son muy bonitas, eso sí; pero que al cabo de dos o tres recorridos, ya te las conoces. Fue entonces, cuando descubrí "La Cova del Drac". Este pub, era un pco como el último refugio de toda la farándula. Cantantes, cineastas, pintores, pero sobre todo "cats", que es como se llama a los instrumentistas, singers, amantes, etc. de jazz, en el argot. Allí, curiosamente, si me dejaban entrar. Este local, tenía dos plantas, la de arriba era un bar normal, bueno normal no, hoy en día está cerrado. En toda Barcelona, y no es que haya sólo dos o tres bares, hay más, pues no he podido encontrar ninguno que tuviera el mismo olor, el mismo ambiente, la misma bohemia. Doit être la nostalgie. Allí y con un amigo, Jaume, que dominaba mucho todo esto del jazz, empecé a amar a esa música. Al principio me costó un pco, el jazz es un tipo de música que para poder saborear toda su savia, hay que saber contar los compases, en definitiva tener una ligera idea de lo que es la armonía, pero una vez se la has cogido, disfrutas como un cangrejo. Yo no sé, si los cangrejos disfrutan mucho o no, puede que con eso de ir hacia atrás teniendo los ojos delante, se deben de pegar unas leches de la óspera, y eso no creo que sea muy divertido, pese a eso es un dicho que se dice. Nosotros, los amantes del jazz siempre hemos sido un poco contestatarios, seguramente por eso, a los gatos los encontrábamos más divertidos. Eso de la nocturnidad gatuna, el hecho de poder tener su primera vida no muy afortunada, pero saber que le quedan otras seís, en las que puede tener más suerte. Bueno pues decidimos llamarnos "cats". Sabíamos, que de vida solamente teníamos una y aunque esta no fuera muy afortunada (otro dicho dice que para muestra un botón), cosa bastante frecuente en el mundo del jazz, no tendríamos más oportunidades. Por eso, siempre les tuvimos un poco de envidia, a los gatos, pero con todo y con eso nos llevábamos bien. Alguna vez, las les dejamos asistir a algún concierto, que se daban en el subterraáneo. Eso sí, con la condición de no maullar, que entonces despistaban a los instrumentistas. Cuando Maribé llegó a mi vida, deje de ir al bar, aunque la afición al jazz, esa no la perdí. Una nueva normativa, hizo inviable la continuación del local. Hoy hay uno de esos sitios de bocadillos. A Jaume, y nos habíamos hecho muy amigos, lo dejé de ver. Aquí, el menda sólo tenía ojos y todos los otros sentidos, con una preeminencia muy marcada de uno en particular, para Maribé. Con el tiempo un amigo de Jaume me dijo que había muerto en un accidente de coche. La vida es un tango sin sentido. O un sueño, como diría mi amigo Arthur. Lo que sí, es cierto, es que las pocas personas que me han querido, o se han ido o han fallecido. A veces he pensado, que la vida nos sirve casualidades de lo más cruel. Maribé se debió ir, en las mismas fechas en que Jaume tuvo el accidente. No, pero mira, voy a sacar a Alain Souchon del tocadiscos, y poner ni que sea a Iron Maiden, que me pongo muy mal, con todos estos recuerdos. El señor de Linares, no me gusta mucho, por mucha amistad que tuviera con el Duke, y por mucho que juntos iniciaran lo que vendría en llamarse género Glam. Pues eso Iron Maiden en el tocadiscos, tres désolé, mon ami Alain, mais devront attendre un autre temps. Y la próxima entrada, ya es Maribé, que serán bastantes entradas. La conocí en París, por eso el poner cosas en francés, Alain Souchon, y todas estas cosas.